
Carta Abierta — Por Saúl Valero, Director de MELT Agencia
A un día de la posesión presidencial, escribo esto como director de MELT Agencia y, sobre todo, como un actor más de una industria que llevo años acompañando de cerca: el sector textil confección, el cuero y el calzado en Colombia. Esperamos que el nuevo gobierno tome acciones claras en protección a la producción nacional, comercio exterior, financiamiento y formalización laboral, para que podamos competir de manera limpia en los mercados, tanto local como internacional.
No hablo solo de cifras macro. Esta industria son más de 1,5 millones de empleos, miles de talleres familiares repartidos por todo el país, y un motor productivo donde más del 70% de las manos que confeccionan pertenecen a mujeres cabezas de familia. Cada decisión de política pública sobre este sector se siente primero en esos talleres, antes que en ninguna cifra de PIB.
Junto con gremios como la Cámara Colombiana de la Confección y ACICAM, desde MELT creemos que hay cinco peticiones concretas que deberían encabezar la agenda de esta nueva administración para el sector.
1. Sector textil confección: juego limpio frente al comercio exterior
Le pedimos al gobierno una regulación efectiva frente a las plataformas de ultra fast-fashion transfronterizas —Shein, Temu, entre otras— que hoy ingresan producto bajo esquemas de minimis y envíos postales sin pagar IVA ni aranceles. Junto a eso, necesitamos inspección estricta y sostenida contra el contrabando técnico (subfacturación) y el contrabando abierto de telas, prendas y calzado. No pedimos protección artificial: pedimos que todos compitamos bajo las mismas reglas.
Lo que veo desde MELT: las marcas que asesoramos sienten esta presión todos los días en el ticket promedio. Mientras la política tributaria se define, la palanca que sí está en manos de cada marca es la propuesta de valor real frente al cliente: calidad, experiencia de compra y velocidad de entrega, terreno donde el fast-fashion transfronterizo todavía es débil frente a una operación local bien ejecutada.
2. Protección a la producción local
Pedimos estabilidad en los aranceles para prendas y calzado terminado importado, facilitando al mismo tiempo la importación de insumos y maquinaria que el país no produce. Es un equilibrio delicado: proteger la manufactura nacional sin encarecer los materiales que muchas marcas colombianas necesitan para producir. Junto a esto, un mejor aprovechamiento de los tratados de libre comercio vigentes puede abrirnos puertas reales hacia mercados de las Américas y Europa.
Lo que veo desde MELT: a las marcas que dependen de insumos importados les recomendamos diversificar proveedores y revisar su mix de importación frente a producción local antes de que cambien las reglas del juego, no después.
3. Financiamiento real para modernizarnos
Necesitamos líneas de crédito con tasas preferenciales y plazos extendidos —vía Bancóldex— para reconversión tecnológica, compra de maquinaria de última generación y sostenibilidad en los procesos productivos. Y necesitamos programas estatales que incentiven el diseño, la innovación en materiales y la adopción de tecnologías limpias en toda la cadena de valor, no solo en las plantas más grandes.
Lo que veo desde MELT: para la mayoría de las marcas pequeñas y medianas que acompañamos, “modernización” no es solo maquinaria de planta. Es digitalizar inventario, tener un CRM real de leads y profesionalizar el canal digital de venta. Si llega crédito de fomento, vale la pena preguntarse qué inversión tecnológica —no solo productiva— mueve más la aguja en conversión y retención de clientes.
4. Cadenas de suministro propias
Pedimos planes concretos para articular el sector agrícola con la industria: fomento al cultivo de algodón local y encadenamiento en el procesamiento de pieles y cuero, para reducir la vulnerabilidad del sector frente a los choques en los precios internacionales de los insumos. Una cadena de suministro más propia es también menos dependencia de factores que ni el sector ni el gobierno controlan.
Lo que veo desde MELT: una cadena local más fuerte también es una historia de marca. “Hecho en Colombia”, trazabilidad y cadena corta pesan cada vez más en la decisión de compra del consumidor latinoamericano, especialmente en cuero y calzado. Es una oportunidad de diferenciación que muchas marcas todavía no están capitalizando.
5. Empleo formal, con enfoque de género
Pedimos un plan de alivios tributarios y de cargas parafiscales enfocado en las mipymes, que representan más del 90% del tejido empresarial del sector. Y pedimos que ese plan tenga un enfoque de género explícito, porque cerca del 75% de la mano de obra en confección está integrada por mujeres cabezas de familia. No es un dato marginal: es el corazón humano de esta industria, y debería ser el corazón de cualquier política pública que la toque.
Lo que veo desde MELT: si tu operación —o la de tus talleres aliados— es una mipyme de confección, cualquier alivio en cargas parafiscales impacta directamente tu estructura de costos y tu capacidad de contratar formalmente. Vale la pena seguir esta agenda de cerca con tu contador y tu gremio durante los primeros meses de gobierno.
Mi conclusión, como director de MELT
Ningún cambio regulatorio sustituye una operación comercial sólida. Pero tampoco una operación sólida sustituye reglas de juego justas. Las marcas que mejor van a navegar los próximos cuatro años son las que ya trabajan en su margen real, su mezcla de canales y su propuesta de valor — y las que, al mismo tiempo, no dejan de exigir que el Estado haga su parte.
Desde MELT seguiremos acompañando a marcas de moda en Colombia y Latinoamérica a fortalecer justamente esos frentes —estructura de márgenes, gestión de retail, canales digitales y capacitación de equipos comerciales— para que este momento de cambio se convierta en una oportunidad de diferenciación, y no en una amenaza.
¿Cuál crees que debería ser la prioridad número uno del nuevo gobierno para apoyar al sector? Te leo en los comentarios.